Los campos de lavanda de Brihuega pincelados de una intensa tonalidad violácea constituyen una estampa maravillosa y única que nuestra retina no podrá olvidar jamás.
El juego de colores peculiares que se generan con la mutación de la luz, junto a la brisa del aire que provoca un inigualable contoneo de las flores de la lavanda y el embriagador aroma que empapa por completo el aire hacen del recorrido por estos campos una experiencia emocional y sensorial inolvidable








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